
Cuando, recién levantados, encendemos la luz, o preparamos un zumo de naranja mientras oímos la radio, o mientras tomamos una buena ducha caliente, no somos conscientes del lujo que supone el poder hacer tantas cosas sin ningún esfuerzo. No nos preocupamos de cómo ha llegado el agua hasta el grifo, o cómo ha sido calentada hasta esa temperatura tan rica.
Los humanos comenzamos a usar la energía externa para nuestro beneficio cuando aprendimos a dominar el fuego. Por otra parte, podemos apreciar en muchos viejos molinos de Euskal Herria cómo aprovechaban nuestros antepasados la energía del agua. ¿Te haces una idea del adelanto que supuso todo eso?
Nuestro modo de vida ha cambiado radicalmente gracias a los recursos energéticos que nos ofrece la naturaleza.
Hoy en día utilizamos de muchas formas distintas esos recursos que nos ofrece la naturaleza, aunque el uso de unas u otras fuentes de energía varíe de país a país. Por ejemplo, en muchos países no se usa más que madera o carbón vegetal para calentar la casa o cocinar. Es más, un tercio de la población mundial (unos 2.000 millones de personas) no puede acceder a ninguna otra fuente.
Entre nosotros, son los combustibles fósiles (gas natural, petróleo, carbón mineral) las principales fuentes de energía. En el transporte (automóvil, avión, tractor... etc.), el 97% de la energía consumida tiene directamente ese origen, y también predomina en los sistemas de calefacción.
Además, podemos transformar la energía de cualquier origen en electricidad. La energía eléctrica puede transportarse muy fácilmente de un lugar a otro, y permite satisfacer muchas necesidades distintas (movimiento mediante motores, calor mediante resistencias, por ejemplo) de una manera limpia y cómoda.
Al igual que las demás fuentes de energía, también la electricidad se distribuye irregularmente por el mundo. Por ejemplo, en nuestro entorno, alrededor del 50% de la energía se consume en forma de electricidad. Por el contrario, en los países africanos al sur del Sahara sólo el 10% de la población tiene acceso a la electricidad.

Lamentablemente, la mayor parte de la energía que consumimos hoy día procede del petróleo, del gas natural o de otros combustibles fósiles.
No se puede decir con seguridad para cuántos años hay reserva de ellos. Se ha afirmado repetidas veces que los combustibles fósiles estaban próximos a agotarse, pero luego tal vaticinio no se ha cumplido. Pero es verdad que, si el consumo actual se mantiene constante, con los datos actuales se pueden prever reservas de gas y petróleo hasta finales de siglo. Pero no debe olvidarse que las tendencias de consumo de muchos países que aun no se han incorporado a nuestro modelo de consumo (como China, Brasil o la India, por ejemplo) se van aproximando al mismo, y que, en consecuencia, todos los cálculos que se citan más adelante pueden quedar patas arriba.
Considerando todos los usos de la energía (incluida la generación de electricidad), las fuentes energéticas primarias usadas principalmente en Francia y en España son los combustibles fósiles (52,3% y 81,3%, respectivamente).
En el sector de la generación eléctrica estamos en la misma situación. Es decir, también la energía empleada para generar electricidad procede mayormente de los combustibles fósiles: Únicamente el 11,6% de la electricidad generada en Francia y el 22% de la generada en España procede de fuentes renovables.
La situación de Navarra en cuanto a la generación de electricidad es bastante peculiar, pues en los últimos cinco años se ha duplicado la generación a partir de fuentes renovables. Por ejemplo, en 2005, el 48% de la electricidad generada en Navarra procedió de sus 31 centrales eólicas, y el 10% de sus 110 minicentrales hidroeléctricas.
Prescindiendo de Navarra, pues, resulta clara la dependencia respecto de los combustibles fósiles. Aunque de hecho tenemos algún que otro yacimiento de gas y de carbón, debemos importar el petróleo, el gas y el carbón, es decir, los combustibles fósiles.
Pero no somos los únicos. Casi todos los países occidentales avanzados son pobres en combustibles fósiles. Y según hemos visto en las invasiones y guerras de los últimos años, las ganas de controlar las regiones que los producen son notorias.
Asimismo, los cambios y afecciones que causa la producción de energía al medio ambiente son de una importancia enorme.

Podemos ver el humo que producen los combustibles fósiles cada vez que arrancamos el coche. Pero tampoco debemos olvidar, cuando encendemos un bombilla o viajamos en tren, que la electricidad gastada en ese acto procede de una central eléctrica que, en algún lugar del mundo, ha vertido ese mismo humo al utilizar combustibles fósiles.
La combustión de los combustibles fósiles es la principal cusa de las emisiones de dióxido de carbono. Es decir, el principal causante del efecto invernadero y del consiguiente cambio climático. Y, aunque puede discutirse largo y tendido al respecto, resulta claro y diáfano que ya deben tomarse medidas para limitar el efecto invernadero.
Tenemos otras fuentes de energía distintas del petróleo, del gas y del carbón mineral. También podemos generar electricidad usando uranio como combustible, o mediante turbinas accionadas por el agua, el viento, las olas u otros fenómenos naturales.

Y, como ya habrás observado, el viento, el sol y el agua son inagotables y ofrecen una solución del todo necesaria al problema, pues son renovables. El viento, la fuerza del agua, las olas del mar... son fuente de energía; fuentes de energía renovables.
Las fuentes de energía alternativas al consumo de combustibles fósiles deben ayudarnos a superar la dependencia con respecto de los mismos. Algunos países, como Francia, han apostado por la energía nuclear para superar dicha dependencia. Pero también debemos considerar las fuentes de energía renovables.

Por desgracia, nuestro consumo de energía actual no hace sino aumentar. Cada uno de nosotros, según pasan los años, demandamos cada vez más recursos energéticos. Viajamos cada vez más, o no estamos dispuestos a renunciar al aire acondicionado y otras comodidades.
De modo que para garantizar nuestro futuro es ineludible limitar el consumo y utilizar razonablemente los recursos naturales.
Cada cual debemos comenzar por uno mismo a afrontar el desafío de las fuentes de energía. Podemos instalar en nuestras respectivas casas un acumulador de calor, aerogeneradores... etc., pero lo que resulta inevitable es aplicar técnicas de ahorro y consumir menos energía.