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Tecnología empleada por la naturaleza
La nanotecnología se ha puesto a la par de la tecnología
más avanzada. Sin embargo, la mayoría de la
tecnología tiene su base en la naturaleza. Al fin y
al cabo, ¿No somos los seres vivos máquinas
casi perfectas? Fijémonos en un ojo. Es una máquina
casi perfecta diseñada para ver. No por la forma que
tiene, sino porque las proteínas que se encuentran
en su interior son nanomáquinas de gran precisión.
Millones de años de evolución han propiciado
que cada proteína esté especializada en una
tarea. Para percibir cada color - es decir, para detectar
la longitud de una onda determinada- existe una proteína
específica en el ojo; no sirve cualquiera. Necesita
unos átomos determinados, y, además, organizados
de una forma determinada.
Más ejemplos: los virus también- muy simples
en apariencia- crean proteínas tan complejas como los
seres vivos más desarrollados. Mira qué nanomotores
se han conseguido para meter y sacar moléculas de ADN.
Las moléculas trabajan continuamente en la naturaleza
de forma automática. Toda reacción, toda acción
que ocurre en nuestro organismo no es más que el resultado
de procesos guiados por leyes físicas y químicas.
Y las proteínas son nuestras trabajadoras: las biomáquinas.
Mira algunos ejemplos:
¿Por qué no las imitamos al crear nuevas tecnologías?
Fijate ahora en un haya. Tiene un tronco muy robusto; y,
a medida que va creciendo es cada vez más robusto.
El secreto tiene su origen en los tejidos internos del tronco,
en las pequeñas moléculas que se encuentran
dentro: la celulosa. Sólo se consigue una celulosa
tan resistente organizando las moléculas de una determinada
manera. Organizando los átomos de otra forma la celulosa
no sería más resistente que cualquier otra molécula.
Precisamente ahí se encuentra el secreto de la nanotecnología:
veamos cómo se organizan los átomos en la naturaleza
y organicémoslos a nuestro gusto. De forma que puedan
hacer el proceso que queramos. Para que consigamos las nanomáquinas
más perfectas que podamos imaginar.
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